El regreso del Comandante

Dibujo de Enzo Pertile, publicado en el diario Última Hora, para caracterizar al Comandante. (Archivo)

El proceso es largo, cuesta, pero de una cosa debemos estar seguros: No podemos perder la batalla; no podemos perder la guerra contra el infortunio. No nos puede vencer la mentira, no nos puede vencer la intriga, no nos puede vencer el que pone el palo en la rueda, no nos puede vencer el político mentiroso, no nos puede vencer el corrupto, no nos puede vencer el político mediático, no nos puede vencer la desesperación, no nos puede vencer el que quiere ver a Paraguay en el pozo. Por eso regresé. Por eso seguiré. El comandante.

***

El comandante reapareció, luego de unos meses. Tuvimos algunos contactos telefónicos y vía correo electrónico (hasta dónde sé, al menos públicamente, no tiene cuentas en Facebook ni en Twitter). Fueron esporádicos, pero muy importantes para decisiones que adopté en los últimos meses. Sin embargo, no sabía dónde estaba ni qué estaba haciendo. De hecho, hasta ahora no lo sé. Él, a su manera de ser, tal cual espía o agente de inteligencia, prefiere mantener sus cosas en absoluta reserva.

En diciembre de 2011 fue la última vez que nos encontramos para nuestro ya tradicional y seguido diálogo en el bar ubicado frente al Palacio de Gobierno, con dos tazas de café negro, sin azúcar. De ahí salió, así como el primero ya hace años, el último artículo “Conversando con el comandante”, publicado los sábados en el diario impreso Última Hora.

El comandante decidió reaparecer, como siempre, sorprendiendo. Envió una carta manuscrita, quién sabe desde dónde. Y como yo lo había anunciado hace unas semanas, decidí seguir la columna de nuestros diálogos en este espacio web.

Para quienes recién se suman a esta aventura literaria (¿?) debo explicar que esta serie viene de una columna llamada (sí, es largo el nombre, pero así se llamaba) “El Poder en la Mira. La cuarta columna. Conversando con el comandante”, más conocido simplemente como “Conversando con el comandante”, producto tal vez del largo nombre que se armó tras varias transformaciones de la página entera que tenía en el diario. Es un estilo de presentación de análisis, generalmente, sobre política producto del diálogo con, precisamente, el comandante. ¿Quién es él?, se preguntará si no lo conoce. Bueno, ese es un secreto absoluto, por pedido de él.

Si son nuevos en esta aventura, ¡ bienvenidos sean ! Si son aquellos que seguían las publicaciones, con los impresionantes dibujos del genial  Enzo Pertile, el comandante ¡ha regresado! ¿Para quedarse? El tiempo lo dirá (famoooossooo). Debo señalar que la participación de Enzo en este nuevo formato será posible en breve, si Dios lo quiere y la virgencita de Caacupé nos ayuda. Ojala (sin acento), como lo decía el ya desaparecido general Andrés Rodríguez.

Ya; tras estas explicaciones, vayamos a lo nuestro. Decía que el comandante reapareció, y lo hizo con una carta manuscrita, a tinta negra y de cinco páginas de hoja de oficio, que llegó a casa en un sobre blanco con la simple inscripción que decía “Para Richard E. Ferreira Candia”. Ante la consulta de quién lo había dejado, la respuesta fue: “No sabemos, encontramos en el patio, cerca del portón”.

Debo ser sincero y decir -no por listo, sino por viejo- que lo primero que pensé cuando me entregaron el sobre fue “el Comandante”. Ya había hecho algo similar en alguna ocasión. Y no me equivoqué. En la primera entrega de esta nueva serie ahora en versión web, no queda otra que reproducir la carta del comandante. Que la disfruten.

10 de Mayo de 2012

 Antes que nada, amigo Ferreira, quisiera pedirte disculpas por haberme ausentado, esta vez, por un buen tiempo.

La carta del comandante. 5 hojas, escritas a mano, con tinta negra.

Como ya te lo dije cuando hablamos por teléfono, los cambios son necesarios. Los cambios son buenos, son para mejorar. La mayoría de las veces, son traumáticos y hasta dolorosos. Pero con voluntad, fuerza, amor propio y, sobre todo, con mucha fe, esperanza, sin bajar la cabeza y manteniendo la dignidad, son posibles. Te deseo lo mejor en tus nuevos proyectos.

Te preguntarás qué pasó, por qué estuve ausente hasta ahora.

Me cansé, desaparecí, me fui podrido.

Decidí alejarme por un tiempo. Te aseguro que no fui a un monasterio o me colé a alguna religión o creencia de meditación en silencio por semanas. Pero sí, debo reconocer, este alejamiento me sirvió mucho para meditar y definir aspectos fundamentales de cara al futuro. Ya te iré contando de a poco. Probablemente, en poco tiempo más esté de nuevo por Asunción para retomar nuestro encuentro con café, sin azúcar por supuesto. Ahí te contaré lo que decidí. Hoy quiero explicar porqué desaparecí.

Me cansé de la política, de los políticos, de la politiquería, de los políticos corruptos vestidos de mansos corderos, de los políticos mediáticos, de los políticos hijos de papá o mamá, de los políticos zoqueteros, de los políticos “pro”, de los políticos “contra”, de los políticos “anti”, de los políticos que prometen el cambio, de los políticos que no hacen nada, de los políticos que fingen que les interesa la gente, de los políticos que presionan para ubicar a sus amigos o parientes en algún cargo, de los políticos que roban al Estado, de los políticos que hablan de unidad pero acuchillan a sus adversarios, de los políticos que hablan de renovación pero buscan seguir en sus puestos, de los políticos que cuando están en un puesto el Gobierno es bueno pero cuando salen ven los males de ese propio Gobierno, de los políticos que mientras están en campaña critican todo y a todos pero cuando pierden son los promotores de la unidad, de los políticos que mienten, de los políticos que ven a la política como una empresa para ganar dinero.

Me cansé.

Desaparecí porque me parte el alma tanta injusticia social, porque ya no quiero ver tanta pobreza y desigualdad, ya no quiero ver madres mendigando por alimento o salud para sus hijos, ya no quiero ver mendigos niños y ancianos en cada esquina, ya no quiero ver campesinos sin tierra, ya no quiero ver padres llorando la muerte de sus hijos por la desidia en el sistema de salud, ya no quiero ver maestros enseñando bajo árboles, ya no quiero ver cómo algunos se enriquecen a costa de la necesidad de los otros, ya no quiero ver las llamadas zonas carenciadas –llamadas así porque duele decir “pobres”-, ya no quiero ver niños y jóvenes dedicados a la delincuencia, ya no quiero ver jóvenes drogándose en cada esquina de colegios, ya no quiero ver manadas de niños llevando en mano bolsitas con cola de zapatero, ya no quiero ver la muerte de alguien por mil guaraníes o un teléfono celular, ya no quiero ver tanta injusticia.

Desaparecí por eso.

Me fui podrido de las mentiras, porque ya no soporto las mentiras de los medios, ya no soporto las tapas de los diarios que disfrazan sus ocultos títulos verdaderos bajo la visión de que los pobres son el problema, ya no soporto las tergiversaciones, ya no soporto las medias verdades de algunos medios, ya no soporto las mentiras de los políticos, ya no soporto las mentiras de los administradores de la cosa pública, ya no soporto las mentiras de los educadores al tratar de educar pero sin pasión ni convicción, ya no soporto las mentiras de los titulares de entes que hablan de acciones sociales pero se llenan los bolsillos, ya no soporto las mentiras de los parlamentarios que dicen legislar para el pueblo pero legislan para ellos mismos, ya no soporto las mentiras de los que piden dinero supuestamente para un bien común pero en realidad lo quieren para sus operadores políticos, ya no soporto las mentiras de los religiosos que leen la Biblia pero no aplican los mandamientos de su propia religión, ya no soporto que piensen que el pueblo es estúpido.

Me fui por eso.

Pero, Ferreira, a pesar de todo, a pesar de estar cansado, de querer desaparecer, de estar podrido de todo, en este corto periodo de tiempo que me ausenté, reafirmé mi convicción de no arrodillarme nunca y de pelear siempre. Hoy puedo decir que no me fui por cobarde, sino para tomar fuerza. Y en ese tiempo de ausencia trataron de acallarme, de pararme. Trataron de desanimarme. Me jugaron sucio. Pero gracias a eso, hoy más que nunca estoy convencido de lo que soy y de lo que debo hacer.

Por eso decidí volver. Decidí volver porque amo a este país. Amo a Paraguay.

Amigo, no podemos cambiar todo de la noche a la mañana. El proceso es largo, cuesta, pero de una cosa debemos estar seguros: No podemos perder la batalla; no podemos perder la guerra contra el infortunio. No nos puede vencer la mentira, no nos puede vencer la intriga, no nos puede vencer el que pone el palo en la rueda, no nos puede vencer el político mentiroso, no nos puede vencer el corrupto, no nos puede vencer el político mediático, no nos puede vencer la desesperación, no nos puede vencer el que quiere ver a Paraguay en el pozo.

Por eso regresé, Ferreira. Por eso seguiré.

El Comandante

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Acerca de richardferreira

Periodista - Editor. Docente. 20medios.com - @DPeriodistas

Publicado el mayo 25, 2012 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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